Algo de tu ausencia

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Algo de tu ausencia

 

 

 

 

Su ausencia decora la hondura en la mirada

y flota su inmortalidad dilatada en las retinas;

tan serena como un ángel sin restricciones

y ligera como una amenaza pendiente

a punto de lograr todo lo humano en un recuerdo,

con tanto de los errantes perfiles de la noche

y mucho más de la continuidad dorada de los días

que al cruzar los ojos con pasos de nostalgia

pesa más que una alianza sin olvido.

 

 

Mi acostumbrado corazón le da la bienvenida

toda vez que llega entera con su regreso

estampado de caminos y sin detenerse

me atraviesa su cercanía de cualquier modo.

De frente, todavía conserva el fulminante color

del encuentro que llevaba el primer día;

el de aquel instante que a pesar del ayer

ofrece la tonalidad del tiempo

que aún en pasado hasta hoy lo recupera.

De espaldas, tiene un hueco de puerta

interminable que pareciera un túnel

posible hacia una rendija infinita de su alma.

 

 

Mas de largo, es como un destino movedizo

que me salpica, uno de cauce y trayectoria,

prolongado como si tuviera la exacta medida

de un río junto a mi orilla

al preservar, sin expiración,

la urgencia de adherirse

a mi aledaño, pero sobretodo,

al rozar esa irrompible profundidad

que defiende largamente a cualquier altura

cuando sin rendición se desliza en torno mío

con la transversal eternidad de la compañía

que materializa tan cristalina su ausencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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