De un lado al otro

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De un lado al otro

 

 

 

 

 

 

Antes que la saliva mojara

las tormentas del silencio

le ponía agujeros a la voz,

donde se posaban las palabras

como pájaros de aire y por el aire

hacia los tantos rincones encerrados

que se dicen con el abecedario de otras casas;

espacios que se agachaban como un entierro

para igualar el ataúd de los ausentes.

Por eso pude verle la ausencia mejor que nadie,

solo a veces mostraba unos pedazos de existencia

como pequeños ratos con ganas de un suicidio.

Mínimos instantes que en cuestión de un segundo

se convertían en animalitos juguetones

para romper el lunario de la poca compañía,

hasta que aprendieron en pequeños saltos

las piruetas de una muerte.

 

Ya no tengo esa tumba en el cuerpo.

Desde que estoy en el paseo de otros ojos

la travesía es más fértil en la mirada,

los días sudan la marcha que nos ocupa,

los viajeros momentos del camino

caben en las huellas, más completos.

Ahora las caricias hacen un hogar en mi piel,

una presencia construye cercanías.

En la vida hay alguien que instala un montón

de sus venas en mi sangre, incluso el tacto

ejercita unas manos que sujetan.

Las sonrisas que amanecen no voltean la cara.

Su amor tiene más luna, más sol, más corazón

en su equipaje y en su boca habita un lenguaje

que desconoce los azotes del sonido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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