El alma

El alma

 

 

El alma

 

 

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El alma, cuántas veces se rompe

en aflicciones, en retozos de nostalgias,

se desmorona, el dolor la parte

a golpes de sufrimiento, de palabras

en combate o entrelazadas en un nudo

de silencio que en continuidad la abraza.

Y se vacía y es humo ciertamente

si hace del amor fuego y bocanada,

al huir como un misterio de repente,

al repetir el abandono, otra partida rutinaria,

mientras deja la vida al frente,

en lo profundo de un hoy que intenta

un hasta siempre con las cosas del ayer;

vivos autores del principio en marcha.

El alma se quiebra como cristal ficticio

o como pedazos blancos de un invierno,

incapaces de adquirir colores

si lo que la hace inmortal le falta.

Parece detenerse o el alma va y viene

cuando el cuerpo siembra sus heridas

en las entrañas y florecen sobre el gris

con su rojo intenso, redobladas,

bajo las prendas hiriendo el pecho

con espinas que exigen lágrimas.

Indefectible el tacto dolorido

que arrastra su habitual fragancia,

con la conocida iniciativa que tropieza

en el final que alcanza el perfil

sombreado de la misma muerte,

cuando parece que marchita el alma.

 

 

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