Hay un lugar…

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Hay un lugar…

 

 

 

 

Hay un lugar que no sabe del etéreo

contraste de las nubes ni del astro luminoso

que se deshace como un día desde el alba,

pero cuando lo veo relajado sobre la tierra,

tan calmado como una luz en la mañana

pareciera saber que en sus ventanas

se encarama un inicio con mapas, con alas

regalando el viaje de la aurora, equipado

de todo lo que existe en la palabra bienvenida.

 

Al apreciarlo desde otro instante consecutivo,

evoca la presencia de lo afable en su contorno,

propone el contexto de un futuro en sus esquinas,

invita a la realidad inagotable de un te amo

hidratado de encuentros cumplidos.

Uno tras otro legando un rosario de sueños

al parpadeo que insiste estrenos y escenas

que producen el color de lo vivido en detalles,

que fabrican con dos manos y dos cuerpos

obras en la piel como ciudades enteras.

 

Hay detrás de sus puertas sonidos llamando

con la voz del cariño que nombra y se mezcla

a la complicidad, al instinto, a la necesidad cotidiana

del abrazo que en su larga costumbre

sucede como un rayo de sol chocando en la carne

para proseguir a su boca y terminar en mi lengua.

 

Entre paredes los sentidos parecen alondras,

respirando las luces de sus cortinas abiertas,

escuchando la expresión del antojo, gustando

de los frutos del paso que al aire son huellas

y sintiendo el calor como un pronóstico en marcha.

 

Hay un lugar apartado de las distancias del mundo,

decorado de íntimos contactos cuando lo miro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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