¿Lo sentiste?

¿Lo sentiste?

 

 

 

¿Lo sentiste?

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Te llegó mi aroma, ¿lo sentiste?,

casi desmayado sobre el viento,

hacia ti lo mandé veloz y complaciente,

llevaba mi caricia en pleno vuelo.

 

Con fatiga hambrienta de descanso

no se dejó seducir por el sosiego

y trepaba ágil con mi pulso cariñoso

por las espumosas canas del cielo.

 

No se detuvo en las abiertas planicies,

donde el  verde pasto invita a su lecho

ni en las altas y ruborosas cumbres,

donde el sol vehemente arrima su cortejo.

 

Impávido en el sendero solitario,

donde apresan con su canto los jilgueros

y tenaz ante la fresca provocación del río,

aunque llevara por ti mi espíritu sediento.

 

Lo cobijó con pertenencia el céfiro del norte,

lo llevaba en su regazo como a un niño,

mas con impulso se arrojó hacia el horizonte,

donde las distancias empujan al abismo.

 

Allí tembló profundo como el ancho mar

que en batalla de olas le hacía frente,

pero sin darle al miedo su marcha atrás,

prosiguió a su destino con la suerte.

 

¡Hasta que te halló mi soñador bizarro!

Anclado a tu paisaje, silenciado el tiempo,

mientras mi dulce aroma sin más retraso

paseaba su último suspiro por tu cuello.

 

Te llegó mi aroma, ¿lo sentiste?

Era toda mi caricia en un beso…

 

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