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Náufragos del silencio

Náufragos del silencio

 

 

Náufragos del silencio

 

 

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Somos náufragos divagando en el silencio,

en su honda mudez remando entre palabras,

los conceptos divisando el posible trayecto de las voces,

las razones casi ancladas en sus repetidas pausas,

los labios como una barca errante a la espera

de la brújula del tiempo en su calmosa marcha,

la que a veces suele agitarse cuando la exaltada idea

es la visión entre sombras que no se percibe clara,

finalmente lo que arrima a la inmensidad de las orillas

son intenciones con abandono de palomas blancas.

¡Ay el silencio!, vamos explorando su grandeza

y es el doblez del cielo con el eco de la luna

o la imitación exacta de la exaltada brisa

que sabe capturar persistente a la inquieta ola,

para enterrarse en lo profundo de su azul marchito

y en la certeza del oleaje impulsar sin demora

un ritual de afanosos suspiros, que logran acercarse

y aún sin entenderlos…, pretendemos escuchar.

 

 

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Tu olvido

 

 

Tu olvido

 

 

 

Tu olvido vaga por la brisa;

mi alma en osadía lo ha buscado,

por las sendas abiertas de la vida

sin brújulas, sin timón, sin calendarios,

sólo con la esperanza en carne viva,

y un plan absurdo de encontrarlo.

Sobre lecho de pétalos y entre espinas

donde las gotas de rocío son de llanto.

Entre escombros de tristezas mezquinas

que aún revelan la fuerza del pasado

o sobre el páramo que detiene la semilla

y muestra el polvo arrinconado de los años,

sin atinar con su paradero todavía

en frágil aventura, he fracasado.

Lo busqué en el rumbo del silencio

donde todo mi mundo gira y calla,

y me llevo al inevitable fondo negro

de ese vacío abierto en la distancia,

y allí volví a ver tu nombre ínclito

repitiendo cada letra en la mirada.

Hasta llegué sin querer al firmamento

y entre un oleaje de estrellas blancas

surgió tu imagen en cada destello

y cada destello rodó en mis lágrimas.

Mi afán absurdo en final intento

me llevó a las orillas de la nada;

allí colgaban todos tus recuerdos

con sentimientos fuertes de añoranza,

y un profundo dolor en desespero

arrojó la cruda verdad en mi cara,

al dejarme saber que tu olvido

en compañía del tiempo marcha.

 

 

Nancy Santiago Toro

 

 

 

 

 

 
 

 

Frente a la mesa

 

 

 

 

Frente a la mesa

 

 

Nuestra mesa extiende una frontera,

separando a dos seres sin contacto.

A dos mundos frenados por la inercia

en la legítima costumbre del repetido acto.

Languidece la esperanza tras la puerta,

esperando una señal para su entrada;

desnuda, contra el marco, arrojó su fuerza,

tras sentir nuestro golpe de arrogancia.

Amordazamos el tiempo y un te quiero

quedó aplastado entre dos murallas.

Si hubo un espacio, lo llenó el silencio

ensordeciendo nuestras vidas rutinarias.

Hoy adulteramos la periferia del paisaje

con las miradas quietas de añoranzas,

con frases ahogadas de simplezas,

con pasiones ocultas que reclaman.

Se agostó el sonido de amorosas voces;

las cálidas manos dándose la espalda.

Los sueños ya no tienen los colores

que pintaban alegres nuestras mañanas.

Y estamos juntos frente a la mesa.

Abierta la frontera en incómoda distancia,

hambrientos desde los pies a la cabeza

de los manjares que sólo dan vida al alma.

 

 

Nancy Santiago Toro

 

 

 

 

 

 

Soy

 

 

 

Soy

 

 

Soy un intento de mi alma desbocada
acurrucado en el impulso de tenerte.
Soy la sombra que se quedó en ti atrapada
esperando a que tu amor la liberte.

 

Soy crepúsculo arropado por tinieblas
intentando alumbrar tus veredas.
Soy el eco que enredado en la niebla
te gritó su amor sin que lo oyeras.

 

Soy la espuma juguetona de una ola,
chasquido breve que te bebió a hurtadillas,
y al entregarme súbita a tu arena sola
quedaron mis besos derramados en tus orillas.

 

Soy camino que alcanzó tu sendero,
deteniendo las huellas de mis pasos.
Soy las dos sílabas de un te quiero
que soñó ser susurro en tus brazos.

 

Soy la lágrima que brotó transparente
aferrada al dolor de mis latidos.
Soy la sangre helada que no siente
mis profundos riachuelos ya dormidos.

 

Soy la hoja de tu árbol, deshojada,
enredada en remolinos con mi suerte,
y me rompen los vientos y soy nada
en mi recorrido sinuoso hacia la muerte.

 

 

Nancy Santiago Toro