Posts Tagged ‘melancolía’

Como amor de mis amores

 

Como amor de mis amores

 

 

 

Como amor de mis amores

 

 

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Hay en mí un silencio algente,

sin sonido solo llama

como nieve llena el alma,

su nostalgia es evidente.

 

Y hay un miedo de perderte

que hace estrago en mis entrañas;

yo no sé si tú me extrañas,

mas yo muero por tenerte.

 

Puedes ser indiferente,

hacerme ola de otros mares

o un camino en los lugares,

donde tú no estás presente.

 

Esconderme en los zarzales

y en la soledad ingente

o arrojar mi cuerpo ausente

sin más vida entre mortales.

 

Tu apatía aunque me abrace

y sea un ósculo de hielo,

me enviará directo al cielo

y en tan crudo desenlace…

 

Como autor de mis dolores

estarás en mí latente

y conmigo eternamente

como amor de mis amores.

 

 

 

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Siempre habrá…

 

Siempre habrá

 

 

 

Siempre habrá…

 

 

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Siempre volverá un recuerdo

disimulando olvido, entre los dos lejano,

acortando distancia en algún momento

e invirtiendo el suplicio de la ausencia

al parpadear un tanto en pensamientos.

A su vez, habrá un diálogo en el espacio,

en silencio, sin conclusión, rondando

en la intimidad recóndita de los dedos,

huyendo quien sabe a alguna parte,

tan andariego como la voz,

pero encallando en el blanco de los ojos

y de algún modo repitiendo.

Asimismo, habrá dos presencias a la vez

como soldados en batallón

a mil millas de lo amado

en el refugio de la añoranza,

con el matiz del otoño en el invierno.

Se irán enrollando al tiritar

bajo el frente gélido de un adiós,

mas con la sangre en lucha

fabricarán algo del abrazo,

mientras incrementa el hielo.

A la vez los ojos escalarán alturas,

queriendo ser lagartos en busca de calor,

por los grises rincones del sendero,

aunque cerrados o despiertos solo esperen

la siguiente orden de la vida

con algo de tristeza en el mismo hueco.

 

 

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Llamadas

 

Llamadas

 

 

 

Llamadas

 

 

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Llamé en su pecho con un latido,

fue uno solo… tan discreto,

que pareció ser una hoja descolgada

anticipando el posterior invierno.

No hubo respuesta ni un suspiro

de segundos se oyó en el tiempo

y pensé, “será que duerme y la noche

lo ha atrapado en la red del sueño,

y va con la jornada de la distante aurora

que clarea esplendorosa en otro cielo.

Aún así, dijo mi pensar esperanzado

” por qué no tratar dos veces “

y con el trémulo del junco en el agua

le llamé ésta vez con mis sentidos,

todos acoplados y aún más fuerte.

Extrañamente, no escuché sonido,

solo un silencio de pétalos saludaba

con su perfil primoroso, abiertamente

y el aire que apenas se escuchaba

vivaracho entre su tersura,

y en ida y vuelta con las sombras

ociosas que ya se veían tras la gente.

Mas dije, ” y si llamo de nuevo,

y más profundo,

escuchará la intención de mi alma

entre mis labios con el palpable beso,

que formula el gemido que posee”.

Y hecho así, contestó el epicentro

de la tal indiferencia y aún rueda

arrastrando un zumbido infinito

de lado a lado, cuando pasa por mis sienes.

 

 

 

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La mirada

 

La mirada

 

 

 

 

La mirada

 

 

 

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Tanto por decir con la mirada,

con su movimiento inaudible en tanto ajeno,

con su silencio que expresa de otro modo

al corazón tan oíble en sus espejos.

Cuánto habla al colorido suspendido

si exclama directamente su embeleso

y cuánto sugiere con la seducción

sin las palabras

al declarar con tembloroso parpadeo

el tacto primero que propone

su enlazado brillo con los sueños.

Cuánto dice si el peligro tropieza

en sus pupilas, o si es la furia

su mortal arma en pleno vuelo

hasta el medio de los ojos combatientes

que la sostienen, sin intermediarios

en contudente duelo.

Cuánto expresa si tiene total desgana…

y resbala sin callar el desacuerdo

o si revela la mezquina indiferencia,

y oyes el balazo de un adiós adentro.

Cuánto dice y cuánto escucha la mirada

si con lágrimas traduce el sentimiento.

Cuánto diálogo posible con la luz del alma

si con otra se golpea…

y viajeras van mojando el universo.

 

 

 

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Lluvia

 

Lluvia

 

 

 

Lluvia

 

 

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Se acerca la lluvia a los cristales de a poco

con la intención de anunciarse en mis oídos

y trae consigo el ajetreado movimiento de los ríos

incompletos que a su fin avanzan presurosos.

Lluvia sin alarde nacida de las sombras,

hacia el polvorín sediento,

hacia el relieve del hastío,

para acoplarse sin silueta sobre las formas

al soltar las quebradizas gotas del gemido;

cristalina forma de expresar ausencias

si hasta mi cielo la arroja hacia el vacío.

Con su lamento intenta abrazarse a alguna vida,

pero hasta el vuelo de los pájaros pretende el nido,

alguna rama que sirva de guarida, la más cercana,

mientras ella derrama su mundo de caminos.

Desde aquí la observo,

desde mi interior la escucho,

lentamente se acrecienta por algún motivo

como si quisiera inundarlo todo,

alcanzar el más allá de las miradas,

tocar el nombre de las cosas,

si pudiera lo aún desconocido,

rozar aquello que ignora su humedad copiosa,

unirse a ese paisaje que solo adentro siento mío,

caer en su naturaleza y que la beba toda

y que absorba sin demora un pedazo del martirio,

el que lleva en su brevedad posible, aunque luego,

sea la tierra la que evapore para siempre su destino.

 

 

 

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Si tu soledad te deja

 

Si tu soledad te deja

 

 

 

Si tu soledad te deja

 

 

 

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Si tu soledad se agiganta

hasta el inmenso firmamento,

fantaséame a tu lado,

sumérgeme en el silencio,

captura el brillo de una estrella

y mi cuerpo en su reflejo,

séllame en el deseo de tus ojos

y bésame tu afecto.

Si tu soledad me quiere

en tu nostalgia como arpegio

de recuerdos obstinados

expresando los momentos,

enciérrame en tu mente

y encadenada al sentimiento,

que un ovillo de nuestras pieles

ruede en desespero

en la hondura de los sentidos,

por la calvicie del tiempo.

Y que sea tu caricia

como el relámpago en el cielo,

en diafanidad insondable

mas con el tacto enérgico

y escucharás mi latido

como el clamor del trueno.

Yo seré la brisa constante

en tu desierto mudo,

con los murmullos íntimos

del amor eterno.

Si tu soledad caprichosa

me cierra todos los accesos,

simplemente atrápame

en la seducción del viento,

quizás sea esa hoja bailarina

con ardiente coqueteo

o el papel solitario que besó

tu zapato y desmayó en el suelo

o esa chispa que cayó en tu ojo

porque te envié un te quiero.

Si tu soledad advierte

que mi compañía es tu deseo,

ámame con las ganas que tiene

la noche por el sueño,

sin barreras, restricciones,

desde afuera hacia adentro

y arrúllame como el rocío al nardo,

en tu mullido pecho

para amanecernos juntos…

Si tu soledad te deja.

 

 

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El amor me dijo…

 

El amor me dijo

 

 

 

El amor me dijo…

 

 

 
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El amor me dijo al encontrarte…,

que avanzara con ojos ciegos por las sendas de tu nombre,

que siguiera el trazado hacia el destino que conoce el río,

por los rumbos ascendentes, por los riscos entre nubes,

aunque luego fuera catarata en derrumbe gemebundo

que sabe caer y proseguir en el mismo cauce,

con temblor de aguas que humedece primaveras

cuando avanza hacia el mar su impulso sin temores.

Me dijo, que escuchara tus palabras saciadas de silencios

como él escucha los vacíos, las ausencias, lo lejano,

pues su voz y lenguaje es el expresivo sentimiento;

él sabe palpitar el latido en todos los vocablos,

es el auténtico autor de la enamorada idea

que nutre vanas ilusiones al contacto.

Me dijo que atara tu piel al tacto inquieto de mi mente,

porque ella sabe cumplir las promesas sin las manos,

siempre logra la caricia desbocada o leve

y sin esperas ni final y sobre el cuerpo deseado.

Y me dijo que te amara con su corazón rusiente,

pues hay corazones que de tanto invierno tienen fallas,

y así te amé, como él dijo, más con la añoranza

que dejó en mis sienes, pues por ser el amor…

omitió decirme cómo olvidarte amado.

 

 

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Era la voz

 

Era la voz

 

 

 

 

Era la voz

 

 

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Era la voz con el peso del silencio,

con el vuelo que guardan los ángeles caídos;

iniciático murmullo que aletea en el pecho,

en ajetreo de ser real en lo desconocido.

Su anhelo, ennoblecer al firmamento,

aún siendo venoso su prefijo.

Nacidas desde el sueño sus alas de paloma,

zigzaguearon el espacio como templo sostenido;

su cascado alcanzó el beso de la mañana,

el que roza sin marcada ruta, el peregrino.

Impactada por el sonoro mutismo de la nada,

perdió el mensaje que haría el camino.

Quebrados los espejos de la aurora,

la luz siguió el curso trascendente del espejismo;

ella se clavó el eco de la noche en su garganta,

en silencio de estrellas, su inflexión de voz añicos.

Cayó en un nexo sobre su hereditaria tierra,

sin poder desterrar su final vencido,

espera ser en el canto de la lluvia.

 

 

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Tristeza

 

 

 

 

Tristeza

 

 

 

La mañana se levanta en llanto

y en ríos de apatía y soledades

descansa su profundo y triste canto

sobre campos, páramos y ciudades.

 

Nadie sabe el por qué de su quebranto

ni porqué lleva furia el dolor de su relámpago,

porqué araña al cielo con cicatrices de espanto

dejando en el paisaje una expresión de estrago.

 

Las sombras de gesto cruel van haciendo trizas

las vestiduras gestadas de su jovial encanto

y la belleza desgarrada por las duras golpizas

yace batida bajo las nubes negras de su manto.

 

Quién sabrá cuántos días durará su pena,

si asomará la sonrisa de su alba en mi ventana

o si mi pena que es a la suya tan ajena

llorará de tristeza con ella otra mañana.

 

 

Nancy Santiago Toro