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Tú como Acantilado (Soneto)

 

 

 

 

Tú como Acantilado

(Soneto)

 

 

 

 

 

Si disparo la muerte en su vacío

corporal, con ahínco logra el duelo

en la llanez banal del polverío,

incurable de grietas, contra el suelo.

 

Buscando la aridez que usual se enlaza

a la penumbra abierta del suplicio

al descubrir mi vida en mutua alianza,

sucediendo en los dedos que acaricio.

 

Terrible acaba como acantilado

cargando el peso junto al mar del pacto,

testarudo en lamer su abatimiento.

 

Termina sin morir, atravesado

de culpas con el súbito artefacto

del dolor que desangra el sufrimiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ánima en pena (Soneto)

 

 

 

 

Ánima en pena

(Soneto)

 

 

 

 

 

Eva es la muerte en vida y sus Pasiones

ardiendo con la furia del despecho, 

son llamas de un infierno satisfecho

de humo en la quemadura de ilusiones. 

 

Tiene el alma enredada en el pasado, 

vaga como espejismo del desierto, 

buscando alguna luz del hombre muerto

que en lágrimas de plata ha sepultado. 

 

Desde aquí para allá va como ánima

de ansión, penando estériles afectos

que arrastra en el pesar de la blandeza*

 

y en misión de tortura que lastima

a su espíritu amargo en los trayectos

del ayer, donde exhibe su tristeza.

 

 

*blandeza

f. p. us. molicie (‖ abandono).

Abandono invencible al placer de

los sentidos o a una grata pereza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para leer en voz alta

 

 

 

Para leer en voz alta

 

 

 

Nunca me instalé en tus calles,

ni en tus charcos, ni en tus grises,

nunca fui voz al lado de tu nombre corporal.

 

 

Abandoné tu lenguaje

en la primera luz intermitente de peligro

y me convertí en el silencio

de un punto suspendido.

Tú seguiste la dirección de otros signos

y en sus símbolos cuidabas

la impetuosa frescura del mar,

el canto angelical de las alondras,

las escalas sonoras de tus antojos

en los ascensores del ego,

apurados hacia el estruendo del descaro.

 

 

 Descarriados, tropezaron  

con la aparición del desierto

y se retorcieron las palabras

como lombrices blancas

hacia la negra distancia de la muerte;

el único lugar reconfortante

donde es posible la abstracción de lo eterno.