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Algo de tu ausencia

 

 

 

 

Algo de tu ausencia

 

 

 

 

Su ausencia decora la hondura en la mirada

y flota su inmortalidad dilatada en las retinas;

tan serena como un ángel sin restricciones

y ligera como una amenaza pendiente

a punto de lograr todo lo humano en un recuerdo,

con tanto de los errantes perfiles de la noche

y mucho más de la continuidad dorada de los días

que al cruzar los ojos con pasos de nostalgia

pesa más que una alianza sin olvido.

 

 

Mi acostumbrado corazón le da la bienvenida

toda vez que llega entera con su regreso

estampado de caminos y sin detenerse

me atraviesa su cercanía de cualquier modo.

De frente, todavía conserva el fulminante color

del encuentro que llevaba el primer día;

el de aquel instante que a pesar del ayer

ofrece la tonalidad del tiempo

que aún en pasado hasta hoy lo recupera.

De espaldas, tiene un hueco de puerta

interminable que pareciera un túnel

posible hacia una rendija infinita de su alma.

 

 

Mas de largo, es como un destino movedizo

que me salpica, uno de cauce y trayectoria,

prolongado como si tuviera la exacta medida

de un río junto a mi orilla

al preservar, sin expiración,

la urgencia de adherirse

a mi aledaño, pero sobretodo,

al rozar esa irrompible profundidad

que defiende largamente a cualquier altura

cuando sin rendición se desliza en torno mío

con la transversal eternidad de la compañía

que materializa tan cristalina su ausencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el remolino de tu pasión

 

 

 

 

En el remolino de tu pasión

(Soneto)

 

 

 

 

El antes y después de cada día

es un hoy que va y vuelve y te reclama

al principio y final del panorama

que te inventa cercano en lejanía.

 

Si en el frior de la noche es fantasía

tu sombra que en mi estrella se encarama

en rendición nocturna y con el drama

de encender como el alba, en compañía.

 

Y es que real has sido en el latido,

que parece certeza circundante

un dueto de miradas junto al fuego,

 

y una costumbre el beso humedecido,

en el dual arrebato del instante,

que en desnudez me das y yo te entrego.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En tu interior

 

 

 

 

En tu interior

 

 

 

 

Pareces ocupar el interior de las murallas,

tienes su acento áspero, su estar sin prisa

y el blanco del cemento sin protesta resaltando

el color del alma inaccesible que no esquivas.

Afianzas tu existencia con su postura inmóvil,

al fondo posees la réplica de su fortaleza íntima

y te yergues con un frontis de quietud

que espera el avance de mi tacto más tangible

sobre el pasado de alguna grieta deslucida.

 

Todo tú… como ellas, sin tambaleo,

sin retiro, con irrompible firmeza de caliza

y sin derribar tu elegido asentamiento

en el pecho del planeta que te alza entre la brisa,

con el entramado de la aprisionada historia

manteniendo la solidez de la nostalgia,

mientras el revoloteo de mis pupilas incansables

te besan sin principio…, y sin partida…

 

Pues a veces contemplo tu ángulo más desierto

y como respuesta a los ojos que te miran,

ofreces con el marco de las impalpables sombras

el físico más robusto en consecuencia subjetiva,

cuando cuelgas el mismo ornamento sin mudanza,

semejando el hueco de aquel beso, ya lejano,

clavándose hondamente como una herida.

Por donde se desliza el luto del sol

con el impulso de la noche y mientras a diario

es el golpe del futuro acurrucado en tus esquinas.

Mas tú como ellas, imponiendo tu paisaje

y preservando la estructura que levantas

con algunas puertas y ventanas fijas;

vulnerables partes que tienes sin defensa,

por donde entra y sale nuestro presente todavía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esas cosas de la sangre

 

Esas cosas de la sangre

 

 

 

Esas cosas de la sangre

 

 

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Esas tantas cosas de la sangre

que antes fueron latidos de lo amado

con la tarea ajetreada del ciclón sanguíneo,

crearon sus óleos movedizos

en las memorias y han seguido

por las curvas del otoño

hacia el horario de un inacabable invierno

como fuliginosas viajeras en trasiego

que fusionan el adiós de la breve estación

con la gran distancia que alcanzamos.

 

Aquellas tantas cosas del corazón-refugio,

agibles a la mezclada costumbre de amar

que transitaron con las tempranas hogueras

de los amaneceres que se mueven dentro,

extraviaron el brillo de la ilusión que hablaba

y la obra esparcida del feliz calor solo exhibe

la sequía repetible del fuego y su cansancio,

cuando el frío las confronta, las circunda

y las hospeda en la claroscura cavidad  

de los recuerdos que se van olvidando,

desde la pasión a la nostalgia, a ser los mismos.

 

Esas muchas cosas de tus venas

que se unieron a la fuerza de quererte

con la creencia de un pedazo más eterno

arribaron a un paisaje elegido por la lluvia

y han encontrado la perfección del agua…

Van a la deriva, ahogando sus formadas lejanías

y adquiriendo la exacta identidad del río,

que entre dos orillas de lado a lado vive,

mientras continúa…, continúa rodando.

 

 

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En tu espacio decidido

 

En tu espacio decidido

 

 

 

En tu espacio decidido

 

 

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La lucha es con la firmeza

del cuerpo que te exige,

es con la presión del deseo

subiendo por la sangre,

es con la acerina fe,

llena de tu presencia persiste,

es contra el pensamiento

que solo sabe extrañarte.

 

 

La guerra es con los nervudos

sentimientos, se embisten

a traición hacia la mortecina

razón en crucial combate.

Es con esta beligerante ausencia

si a buscarte insiste

para hallar en su amplio vacío

a tu cuerpo en los paisajes.

 

 

La reyerta es con esta belígera

y acérrima tristeza;

soberana del dolor

con resolución de liquidarme

y yo ante ella indefensa,

sin armas, sin valor, sin tregua,

deshecha en sus brazos

como peregrina luz de una tarde.

 

 

La batalla es con el raigambre

de emociones agitadas,

al enarbolarse suicidas

por mis días en pertinaz ataque,

las que desploman a mi cuerpo

como lábil estructura,

porque me estremece

su movimiento sísmico de amarte.

 

 

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Misiva en sentimiento

 

Misiva en sentimiento

 

 

 

Misiva en sentimiento

 

 

 

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Y será para ti la voz desnuda

de los silencios, rémoras y espinas.

Irá resuelto y dócil por neblinas

su claro afán detrás de ti sin duda.

 

 

Dios portará su limpidez nervuda

por cielo, tierra, mares y colinas

y en dirección segura a tus retinas

sabrás con Él del énfasis que escuda

 

 

esta misiva pura en sentimiento.

Pues te dará también al fin y entero,

el peso que sostiene lo que siento

 

 

al llegar este estruendo que libero,

hacia ti con su firme placimiento

en las trémulas alas de un te quiero.

 

 

 

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Tal vez

 

Tal vez

 

 

 

Tal vez

 

 

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Quizá no te llegó mi beso por entero,

tal vez no arrimó con el efecto exacto,

seguro no rozó el sedoso cariño por tus labios

ni fue artesano del te quiero presentido.

Posiblemente su viaje encendido fue tan largo

que dio con una pella de la nieve

y al leve toque con su lumbre,

fatalmente lo deshizo.

O acaso fue que la densidad de su terneza

abstraída con el deseo de tu carne

provocó el golpe con la tierra

y sin más, su anhelo se hizo añicos.

Con la íntima parte de mi boca

que suspiraba tu aliento en los caminos…,

y soñaba con decorar tu rostro y de paso

hacia el pensamiento que revive

en añoranza, ataras ese recuerdo mío.

Quizá… quizá quiero pensar

que llegó allí, y está de ti muy cerca

temblando en la persiana con la brisa,

porque ha elegido ser prudente

aún con mi desbocada osadía

o probablemente ya transita duplicado,

acrecentando gestos, intensidad y caricia

al deslizarse con alborozado paso

por la esperada piel de tu sonrisa.

Ardiente como llama sin equilibrio

que al caer por tu lengua preso,

diluye su almíbar en el agua de tu boca…,

y tal vez para desembocar en algún olvido.

 

 

 

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Nunca más

 

 

 

 

Nunca más        

 

 

 

Nunca más escucharás mi silencio

gritando persistente al borde de mis ojos,

ni amordazarás el ansioso bullicio

de mis tiernas palabras con cerrojos.

 

Nunca más sentirás mi indigente mirada

mordiendo las marcas del tiempo en tu piel,

ni pescarás los besos en mi boca desesperada,

por atrapar los tuyos de insaciable miel.

 

Nunca más tocarás las huellas de mis dedos

frescas de empeño y deseo en tu contorno,

ni abrazarás con desdeño mis denuedos

atrapados en tu oscuro laberinto sin retorno.

 

No encontrarás mi minúscula presencia

en helada llama por tu frío tan profundo

y nunca más podrás rechazar mi ausencia,

porque tendrás todo, menos a mí en este mundo.

 

 

Nancy Santiago Toro