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En la morada de su amor

 

 

 

 

En la morada de su amor

 

 

 

 

 

 

Es amanecer en la sustancia de una historia;

lira de una piel expresándose en la mía,

acepción que tiene lenguas que gravitan en el alma

y la cadencia de un presente que conjuga

el contexto que se mueve con la vida.

 

 

En su comprensión global, obra

compartida sujetando hechos y atenciones

a una coherencia rotunda que ilumina

el énfasis que da al amor destino y causa,

porque en todo lo que brota es protagonista

e instante por instante, galán de las ideas

y en común entendimiento,

capitulación que se completa en compañía.

 

 

Es presenciar su contenido

como un pensamiento escrito entre mis manos,

ascendente, con su lenguaje en mi sonrisa,

citando elocuente la atadura de unos labios

con la duplicada percepción que intuye e improvisa

la variación vivencial y sin borrador de los detalles

que pasan de una escena a otra con los besos

inquilinos de las bocas al enarbolar

el mensaje dulcificado de la dicha.

 

 

Es vivir en el avance amado de una historia,

que impulsa un corazón de latidos más audaces,

que adopta la expresión que lleva adentro el día,

idéntico en su alboreado ritmo y entusiasmo

como traductor de nuevas luces

al imprimir la fuerza natural de una caricia

contundente y en complicidad hasta el culminante

acercamiento de los brazos que en cada amanecer

nos desarrolla en múltiples maneras… sin la prisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

Por las formas del camino

 

 

 

 

Por las formas del camino

 

 

 

 

Vayamos a la danza del deseo

con vocación de amante en ambrosía.

En silencio, con el lenguaje del beso

entre las manos,

por donde las íntimas ideas se deslizan.

Que se una tu sangre y lo que sangro

a borbotones con sus propias melodías

y que su llama de entremezcla contundente

circunvale la firmada entrega de la estima.

Pasemos, luego, al ambigú del rincón más solitario.

El que invita al alma y la sonrisa.

Al más callado, bajo la voz del mundo inquieto.

El que parece un nido de palomas, sin cortinas,

el que se rodea con el privilegio de las rosas

y advierte la llegada del zorzal en las vitrinas,

desde allí, celebremos la tertulia de las mentes

hacia el regreso del hogar que se engalana

con el decoro de la estrella en la colina.

Atrás quedará lo que no vemos, la montaña

como adorno del gigante azul entre la brisa,

el placer del mar ofreciendo las distancias

y el matiz del cielo abordando lejanías.

Pero más allá de todo lidera en mí la rauta

que se balancea contigo

de este modo, en exclusiva

dentro de la inmensidad que sostiene los planetas,

capaz de forjar tu mundo como el día,

mientras queda mi natura, juntamente,

arqueada por entero a tus orillas.